Se conmemora el Día Mundial del Aire Limpio y aprovechamos la fecha para invitarte a tomar conciencia sobre un tema vital: el aire que nos rodea, la fuente de nuestra vida.
Respirar: una función vital, fuente primaria de energía de todos los seres vivos.
Cuando un bebe nace, concentra toda su energía en el acto de respirar por primera vez.
En algunas culturas orientales como el hinduismo o budismo, el acto de respirar es también un símbolo. La respiración consciente es considerada una forma de conexión con la energía universal o divina que busca armonizar el cuerpo, la mente y el espíritu.
Hay quienes piensan y creen que la respiración funciona como un canal de comunicación con los ancestros y las divinidades.
Las personas adultas respiran cerca de 23.000 veces por día y lo hacen, la mayor parte del tiempo, en esos dos ámbitos que son el hogar y el trabajo.
¿Pero… sabemos verdaderamente qué estamos respirando? La pregunta no puede quedar sin una respuesta.
Desde hace algunos años, y de la mano de la pandemia de COVID-19, comenzaron a investigarse en profundidad las características del aire al cuál estamos expuestos diariamente.
El aire transporta partículas de diferentes tamaños. Muchas de esas partículas, las llamadas “PM 2.5”, son más delgadas que un cabello humano y suelen inhalarse profundamente, llegando hasta el tejido pulmonar. La exposición prolongada a esos niveles de contaminación está directamente relacionada con episodios que van desde el aumento del riesgo de infecciones respiratorias -como alergias o asma- hasta eventos más complejos como algunos tipos cáncer y cardiopatías.
En el aire también viajan virus, bacterias y hongos responsables del contagio de infecciones que, en algunos casos, inician como un resfriado común, pero que dependiendo del estado general de la persona pueden llegar a complejizarse, como es el caso de las neumonías.
Si pensamos en establecer algún plan de acción, en el corto o mediano plazo, con el foco puesto en la calidad del aire, se presentan ante nosotros dos escenarios posibles.
El primer escenario es la contaminación en ambientes abiertos. En las ciudades, los principales agentes contaminantes son las partículas PM10 (diámetro inferior a 10 micras), procedentes sobre todo de los procesos mecánicos como ser las actividades de la construcción; y las “partículas finas” (PM 2,5, diámetro inferior a 2,5 micras), cuyo origen es la combustión de madera o de carburantes y los vapores industriales. Estas últimas son los agentes contaminantes atmosféricos más nocivos para nuestra salud. El 90% de las personas que viven en una ciudad está expuesto a cantidades superiores a los límites aconsejados por la Organización Mundial de la Salud. Para mejorar la calidad del aire es menester profundizar y aplicar de verdad políticas ambientales, cuidar bosques y demás vegetación y bajar nuestras emisiones nocivas, también conocidas como “huella de carbono”.
Para peor, altos niveles de contaminación exterior son una amenaza constante para la calidad del aire que circula en el interior de los ambientes.
Una recomendación para disminuir el grado de contaminación en espacios cerrados es utilizar ventilación natural y, de ser posible, ventilación cruzada. El problema es que este recurso deja de ser una buena opción cuando el nivel de contaminación es tan elevado que la ventilación cruzada ingresa al ambiente más partículas PM 2.5 de las que circularían con las ventanas cerradas.
Otro mecanismo que sí resulta muy eficaz son los filtros de aire que se colocan en el ducto del aire acondicionado central o que son incorporados en dispositivos de purificación. En cualquiera de los dos casos, el aire del ambiente es forzado a pasar a través de las fibras de los filtros, donde quedan retenidas el 99,9 % de las partículas si hablamos de filtros de alta eficiencia.
Además de los filtros de aire existen sistemas tecnológicos que, simultáneamente, atrapan y eliminan los virus y bacterias y evitan que se formen colonias. Ayudan a prevenir una gran cantidad de enfermedades estacionales como COVID-19, gripe, neumonía y gastritis, entre varias patologías más.
Respirar aire puro tiene importantes beneficios para la salud y la calidad de vida. Cambiar para mejor los hábitos de higiene del aire es una tarea fundamental para disfrutar de una vida plena y saludable.

